Franz Mayer logró reunir una ecléctica colección de objetos de arte que decidió heredar a México. Para ello, constituyó un fideicomiso que aseguró la creación del museo que lleva su nombre. Su espíritu coleccionista lo llevó a reunir más de diez mil piezas de arte y un número similar de libros. El interés por la fotografía se refleja en los importantes ejemplos con los que cuenta la colección y en la realización de una producción propia. Las solicitudes de material sobre antigüedades a distintas casas de venta de objetos de arte comienzan hacia 1933. Este período coincide con las revistas de arte y catálogos de subastas más antiguas en la colección. The Connoisseur desde 1936 y los catálogos de las casas de subastas de Parke – Bernnet de 1939, The Marsen J. Perry Collection o los catálogos de Sotheby’s. Desde 1937, Franz Mayer solicita en su correspondencia catálogos de libros sobre antigüedades a casas como Cambridge Books en Gran Bretaña y Bretano’s en New York. Cabe destacar que la correspondencia de su archivo muestra un Franz Mayer interesado por su colección, solicitando a distintos especialistas de la época apreciaciones sobre las obras que acababa de comprar o las que estaba en sus planes adquirir. Las cartas a museos como el Victoria and Albert Museum de Londres, la Hispanic Society de New York, el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa, así como a numerosas galerías y coleccionistas dan cuenta de ello. Además de los contactos que entabló con especialistas en el ámbito del arte mexicano como Manuel Toussaint. Las adquisiciones de obras iban seguidas de adquisiciones de libros sobre el mismo tema o un tema a fin. De este modo su literatura iba siendo tan específica como su compra. Un álbum de fotografías, realizado por el anticuario Gonzalo Obregón en 1953, permite dar un vistazo al interior de la casa de Mayer. Este fue un primer catálogo de sus obras. Las notas de compra nos revelan la forma en la que Franz Mayer adquirió sus piezas. A través de Emil Hirsh, quien encabezaba la Hirsh Rare Books and Prints en Londres, Franz Mayer conoció a Hellmuth Wallach. Él se encargaría de comprarle objetos en Nueva York por lo menos hasta la década de 1950. En 1943 se advierte en los documentos la relación con otro comprador de objetos, José Samaniego, quien compraría en México entre 1943 y por lo menos hasta 1961 azulejos y objetos de talavera para la colección Mayer. Por otra parte es frecuente la correspondencia donde Franz Mayer solicita ediciones específicas de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha escritas a casas de subastas y particulares en distintas partes de Europa. Los pedidos de la obra de Cervantes fueron constantes. Las incansables búsquedas de Franz Mayer permiten hoy pasear por las salas del museo y rastrear en la belleza de los objetos al hombre tras su colección.
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