Desde pequeña Anna Rubin tenía una obsesión por volar. Su sueño se cumplió cuando en la juventud comenzó a diseñar una serie de papalotes que hoy son apreciados por ser piezas de diseño que se han exhibido en Estados Unidos, Alemania, Austria y Japón, entre otros lugares del mundo.
Para el diseño de sus papalotes, Rubin utiliza materiales poco convencionales como el bambú, semillas y papel que ella misma fabrica. Con el tiempo, Anna Rubin se ha ganado un lugar en el mundo de los papalotes contagiando de su energía creativa a cientos de aficionados que se han acercado a ella para conocer detalles sobre el concepto de sus diseños.
El encuentro es una de sus creaciones más logradas pues en esta obra puede observarse cómo un buen diseño aerodinámico se mezcla con lo artístico. El origen de los papalotes o cometas se ha rastreado hasta la antigua Grecia o la China antigua. Se dice que el papalote pudo haber sido inventado por el griego Arquitas de Tarento, en el siglo IV antes de Cristo. También, que fue el general chino Han Sin, con fines militares.
El papalote se extendió por países del sudoeste asiático, por la India, la península arábiga y el norte de África. A Europa llegó antes del siglo XVI, pero en el XVII se hizo muy popular como juego y para espectáculos pirotécnicos. Isaac Newton y Benjamín Franklin mostraron que podía dársele un uso científico para investigar las tormentas eléctricas. En países de habla hispana se le conoce con los nombres de cometa, barrilete, cometón, saeta, papagayo, pandorga, volantín y papalote. A México el cometa llegó durante la Colonia y se le rebautizó como papalote, por la voz náhuatl papalotl, que quiere decir mariposa. Este nombre también se le da en Cuba y Puerto Rico.
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