exposiciones temporales | 2007 | murano. el camino del vidrio

La colección que presenta el Museo Franz Mayer pertenece a Angelo Rinaldi, artista padovano del vidrio y coleccionista apasionado de piezas históricas de Murano que fueron adquiridas durante varias décadas por su padre, con la intención de documentar los aspectos más singulares y significativos de la producción de Murano del siglo XX.

La supremacía de las hornerías de Murano fue evidente durante los siglos XV, XVI y XVII, sin embargo a partir del siglo XVIII comienza una lenta decadencia de las fortunas venecianas, motivada por el cambio en el gusto de los consumidores, que aprecian más los vidrios de Bohemia y del centro de Europa. La calidad técnica y excelencia de manufactura siempre fueron reconocidas, pero no fue hasta finales del siglo XIX y especialmente a principios del XX, que resurgió la producción de Murano con la participación de diseñadores y artistas que introdujeron innovaciones en las formas y estilos.

El origen de la tradición artesanal cristalera en el archipiélago de islas de la laguna de Venecia se remonta al siglo VIII. En Murano, la fundación de la industria del vidrio fue exactamente en 1291, cuando el dux de Venecia prohibió los talleres de vidrio en las islas centrales, relegándolos a un sector secundario como era Murano en aquella época.
Aunque la medida se justificó alegando que la utilización del fuego en ese trabajo era un riesgo de incendio muy grande para una ciudad cuyas edificaciones eran todas de madera, algunos historiadores consideran que la decisión de aislar a los artesanos obedeció a una razón de estado más profunda.

Venecia era un puerto a donde llegaban comerciantes de todo el mundo, “amenazando” con llevarse las fórmulas secretas y técnicas para hacer el mejor cristal que existía en el planeta, una de las claves del comercio ultramarino de los venecianos.
A decir del cronista Julián Varsavsky, los artesanos de Murano durante mucho tiempo fueron los únicos en Europa que sabían cómo hacer un espejo. Pero también desarrollaron complejas técnicas para producir vidrio cristalino, vidrio esmaltado (smalto), vidrio con hebras de oro (millefiori), vidrio de criolita (lattimo) e imitaciones de piedras preciosas en vidrio. Es decir, eran creadores de ricos tesoros que se exportaban a todo el Levante, el Mediterráneo y Constantinopla.
Igual que en la Edad Media –con sus altibajos a lo largo de la historia hoy en día la cristalería sigue siendo la industria principal de Murano. Y como siempre, tratar de sacarles algún secreto –e incluso simples palabras-- a los artesanos del vidrio es casi imposible. Con algo de alquimistas modernos, estos maestros vidrieros siguen experimentando con fórmulas químicas para lograr la transparencia más perfecta o el azul cobalto más puro, siempre por las noches y en soledad, como indica la tradición.

Se trata de piezas que fueron diseñadas con una novedosa inventiva de formas y una  singular técnica de ejecución que produce efectos cromáticos de singular belleza. Son diseños creados por gente como Angelo Rinaldi, Carlo Scarpa, Antonio Salviati, Flavio Poli y Tapio Wirkala que, incluso, han sido consagradas en exposiciones internacionales como la Bienal de Venecia y la Trienal de Milán.

Con esta colección, la Fundación Sartirana Arte inició en el año 2000 un proyecto expositivo itinerante que ha sido presentado en Beirut, Damasco, El Cairo y ahora en México.

La exposición Murano. El camino del vidrio se realiza en el marco del Segundo Festival Italiano y fue posible gracias al apoyo del Instituto Italiano para el Comercio Exterior, el Instituto Italiano de Cultura, la Embajada Italiana en México, Ferrero Roche, Metecno México, Pirelli y Valdo.