1ª Bienal

“Quisiera que nunca se pusiera fruta en mi frutero”
-Pedro Saviñon, ganador de la Primera
Bienal de cerámica Utilitaria

La formula básica es sencilla: agua y tierra. Sin embargo, la gama de posibilidades prácticas, artísticas, funcionales y decorativas son elementos que logran que una pieza  modelada o construida a mano, sea un objeto único y digno de admiración.

Para crear antecedente, la alfarería (el arte de las arcillas y los vidriados), tiene su origen en épocas neolíticas de la humanidad, y lo podemos apreciar visiblemente en ese preciso instante en el que el hombre intercambia su estado de predador y recolector de alimentos y se convierte en productor de estos. Los pueblos antiguos se dieron a la tarea de la creación con el barro de elementos prácticos  que eran utilizados de formas ornamentales, ceremoniales y de uso cotidiano.

Al paso de los años, el arte de fabricar vasijas y otros objetos de barro, loza y porcelana de todas clases y cualidades, recibió el nombre de cerámica y es el conocimiento científicos de ellos , desde el punto de vista arqueológico, lo que los convierte en piezas de interés cultural.

Han sido estas testigos perennes de eventos históricos de la humanidad, frágiles muestras de lo que grandes culturas alguna vez fueron, en muchos casos, son estas piezas de cerámica las muestras más características y constantes  que podemos llegar a  contemplar de un gran y desvanecido pasado, que sin revelar todo su esplendor,  permite crearnos una idea acerca de lo que pudo este  llegar a ser.

Las vasijas, ollas, y demás objetos fabricados a base de barro, loza o porcelana, reciben una virtud extra a la de la utilidad, cumpliendo en diversos casos una función estética  y de expresión artística del individuo creador, que en más de un caso, reflejara  la cultura y el estilo de vida en el que este se desenvuelve, y al paso de los siglos cuenta con mayores expectativas de conservación que una pintura por dar algún ejemplo.  

El museo Franz Mayer, dentro de su colección, cuenta con una de las colecciones de mayólica más importante a nivel mundial  que obedecen a  calidad, procedencia, antigüedad y número de  piezas, que datan de los siglos XVII y XVIII, que por si solas revelan una gama de sentimientos y suposiciones relacionadas directamente a la época en que estas fueron creadas.  Con este antecedente, era pues inevitable  considerar un espacio para la creación de nuevas y  diferentes muestras de culto a este arte utilitario en particular.

La primera bienal de cerámica utilitaria, obedece pues a la necesidad de darle un reconocimiento a los artistas y alfareros de esta corriente artesanal para que  quienes lo vean, puedan al igual que los artistas, percibir la labor espiritual aparte de la validez utilitaria que se esta presentando. Cerca  de 500 objetos fuerón inscritos para participar en esta exposición, siendo seleccionadas 72 piezas plagadas de  originalidad y  estilo que pueden ser apreciadas hasta el 1 de junio en el Museo Franz Mayer, y es precisamente con la premisa de promover el arte utilitario contemporáneo, que surge la idea y posteriormente la oportunidad de apreciar la imaginación y el talento de artistas mexicanos aplicados en cerámica y arte utilitario.

Puede llegar a sorprender la belleza de algunas piezas, y no precisamente por la calidad estética de estas, sino la familiaridad a que varias nos pueden remitir, ya que es altamente probable que  muchas de ellas nos recuerden a pequeñas “obras de arte utilitario” recuerdo de la abuela, como una salsera, un jarrón o una olla  que conservamos en el hogar y  que más allá de imaginarnos que tengan alguna virtud artística, contienen principalmente una carga sentimental. Apreciando estos trozos del pasado familiar, nos es más sencillo crearnos una afinidad ante las muestras de cerámica que se hacen en nuestros tiempos.  Estamos en una época en la que las comunicaciones y las expresiones artísticas  han alcanzado niveles  sorprendentes y hasta cierto punto impersonales en su relación directa con la tecnología.  El apreciar piezas como las presentadas en  la Primera Bienal de Cerámica es un reencuentro con las técnicas básicas de la artesanía y del ingenio del hombre, cuya evolución es tan constante como la del ser humano mismo.

Diversos elementos se conjugan para apreciar esta muestra; el ambiente creado por la pieza misma, acompañado de música clásica en un espacio que invita a la meditación y a la apreciación del arte como lo es el Museo Franz Mayer, transportan al espectador a un sentimiento de curiosidad en el tiempo presente solidarizándose con quienes en un futuro muy lejano habrán de encontrarse con nuestro tiempo al contemplar estas piezas, ofreciéndoles una vaga idea, de lo que  fue nuestra cultura.

Banner de Verano
 
Compra de Boletos para la exposición de Tim Burton